Valentía

Valentía

109 años después de la primera conmemoración del día internacional de la mujer, el reclamo por su participación equitativa en la sociedad y sus libertades es tan vigente y necesario como en 1911.

Por: Juan Luis Castro

Durante la semana que pasó, en las redes sociales se convirtió en tendencia una etiqueta que me dejó perplejo. #ComoHombres llegó al top 10 de tendencias mundiales recogiendo todas esas comparaciones, prejuicios y manifestaciones de pasivo-agresividad a las que las mujeres se enfrentan en varios momentos de sus vidas por el hecho de ser mujeres.

Esta misma semana, a un par de calles del capitolio nacional, la Corte Constitucional sesionó una vez más sobre la interrupción voluntaria del embarazo, la discusión de nuevo se truncó, pero una vez más avivó la presencia de mujeres en la calle exigiendo el reconocimiento de sus libertades, exigiendo que de una vez por todas sus cuerpos no sean objeto de la vigilancia y verificación estatal.

Vivimos en una sociedad que se rasga las vestiduras por la defensa de la vida, pero en la que de manera simultánea se le desprotege sin titubeo. En Colombia las madres que trabajan no cuentan con lugares favorables para la lactancia materna en sus espacios laborales, hay prácticas en los servicios de salud que desalientan la lactancia: el retraso en el primer contacto del bebé con el pecho de la mamá, la separación innecesaria de la madre y el bebé después del parto, y la alimentación artificial de rutina. La protección de la maternidad es insuficiente.

Acción simbólica en Medellín, en el marco de la conmemoración del día internacional de la mujer. Del colectiva Aquelarre de activismo feminista.

Tal como sucede con el aborto, la lactancia materna es un tema en el que el legislativo está en deuda con el país, pues si bien se han adelantado discusiones es necesario fijar un marco legal que reconozca la agencia de las mujeres, su rol determinante en estas cuestiones y que reconozca sus derechos y libertades. Trabajamos en ello.

Sin embargo, estas son solo dos aristas de las grandes tensiones que enfrentan las mujeres. Según la cadena France24 en américa latina el 80% de la violencia física es cometida contra las mujeres, 1 de cada 3 latinas ha sufrido de violencia física o sexual y una mujer es asesinada cada dos horas por el hecho de ser mujer.

Otro reciente informe de la Deutsche Welle afirma que 14 de los 25 países que componen Latinoamérica tienen los índices más altos del mundo cuando de crímenes por violencia de género se trata, y que a pesar de que, en todos los países de la región, con excepción de Cuba y Haití, se han implementado leyes para tipificar el delito de feminicidio, la impunidad en estos casos crece de manera exponencial. En Colombia, más de 23.000 mujeres están en riesgo extremo de feminicidio.

Estas cifras espeluznantes no pueden ser ignoradas y mucho menos normalizadas, la sociedad en la que vivimos está en crisis y hay que atenderla con prontitud. Es apenas lógico exigir que la institucionalidad ponga en marcha mecanismos que detengan este fenómeno, no podemos convivir con el hecho de que en el país mueren poco más de 1000 mujeres al año por el simple hecho de serlo, y es imposible no llegar a pensar que una tasa tan elevada de feminicidios es fruto de una desatención sistemática.<

La motivación de la columna de hoy es la conmemoración del día internacional de la mujer, no obstante, también es un llamado a la sociedad a replantear el trato y las tensas situaciones a las que están expuestas las mujeres. Les invito a que acompañemos las flores y los chocolates que se suelen compartir en esta fecha con conciencia, camaradería y humanidad.

A mi madre, mi hermana, mi esposa, mis hijas y a mis amigas les agradezco por el amor que me han brindado, para mí es invaluable. A ellas y a todas las mujeres del mundo les digo que su valentía y su determinación son admirables e inspiradoras, los cambios ya se vislumbran, no desistan, no están solas.

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