Orfandad

Orfandad

El panorama político del país mantiene una tensión y un dinamismo algo atípico, y cómo no, si es que las condiciones en las que ha avanzado el 2021 han dado la señal de inicio de las campañas electorales mucho antes de zanjar varios temas más urgentes, como por ejemplo la vacunación masiva.

Por Juan Luis Castro.

Acusar una silenciosa complicidad entre el establecimiento, la oposición y otros sectores políticos para dejar que estos temas sean el combustible electoral del 2022 en lugar de solucionarlos con la prontitud que acusan puede ser hilar muy fino, no obstante, estoy seguro de que muchos -que no ven gran recompensa en aprovechar sus cargos mientras los ocupan- ven en esta ‘coincidencia’ una gran oportunidad.

El paro nacional -que sirve como marco para la fotografía política actual- parece estar perdiendo el chance de cobrar sus victorias políticamente. La caída de las reformas tributaria, de salud e incluso la salida de Carrasquilla se convierten en capital político de cara al 2022, pero la falta de una representación política clara de los jóvenes en las calles deja esos triunfos simbólicos a la deriva. ¿Presa fácil de los políticos de siempre?

La polémica grabación del líder sindical Nelson Alarcón, en la que reconoce una pretensión electoral detrás del paro propone dos reflexiones. La primera es que el paro tiene como objetivo sacar adelante una agenda política, agenda que no se ve suficientemente representada hoy en el legislativo. La segunda es algo más compleja: cuando Alarcón dice que hay que cambiar las tácticas del paro, ¿está diciendo que uno de los fines es alargarlo hasta 2022 y llegar a las elecciones?

De ser así está pasando por encima de las necesidades de los colombianos, los niños y jóvenes no pueden esperar hasta 2022 para volver a estudiar, simplemente por una estrategia electoral. Sin embargo, descubrir que el paro, las manifestaciones e incluso la grabación en si misma son actos políticos es tan novedoso como descubrir el agua tibia.

Mal hace el presidente y los medios masivos de comunicación en reproducir semejante discurso insulso, es evidente que subestiman la movilización y así mismo al electorado. El paro nace como consecuencia de la desconexión tanto del ejecutivo como del legislativo con la multiplicidad de realidades por las que atraviesa la ciudadanía en Colombia, es apenas natural que se busque una mayor representación.

De hecho, algo positivo en las consignas de Alarcón es el reconocimiento del sistema democrático que garantiza la representación de todas las perspectivas que convivimos en esta nación y la pretensión de participar y hacer valer los derechos que él o ello -aún es incierto- como cualquier ciudadano tiene, y en este caso es a elegir y ser elegido.

¿Quién en este país se imagina que lo que pretenden los manifestantes es acabar con la democracia? Nadie en pleno uso del sentido común, pero como es bien sabido este es el menos común de los sentidos ¿o no presidente Duque?

Es urgente que el legislativo reconozca su gran responsabilidad en medio de la tensión que aún se vive en las calles de todo el país, el Congreso ha pasado ‘de agache’ en los más de 40 días que ya completa el paro y ni hablar del rol que ha tenido durante la crisis sanitaria.

Es cierto que en las manifestaciones hay uno o varios movimientos sin una representación política real al interior del establecimiento y el reto para los rostros que queremos transformar la realidad al interior del legislativo y aquellos que quieran integrar una nueva versión de esta corporación es conectar y recoger los clamores de esta juventud política en situación de orfandad representativa.

Qué bueno sería que incluso al interior de estos movimientos surjan liderazgos que reclamen también la representación que por años ha estado ausente en el capitolio.

Finalmente, invito a los manifestantes a reconocer en todo lo que vivimos por estos días dos momentos diferentes, por un lado la organización de un liderazgo que logre recoger sus ideales y que alcance una posición en la que puedan ser representado oportunamente; y por otro lado que no permitan que el paro pierda su esencia y se convierta únicamente en una estrategia electoral al servicio de la clase política tradicional que, como ya es sabido, no terminará representando nada para los ciudadanos.

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