El gobierno de las malas decisiones

El gobierno de las malas decisiones

El gobierno nacional dejó clara (una vez más) su incansable devoción por gobernar para la gran empresa, así eso implique más retrocesos en la calidad de vida de los colombianos.

Por: Juan Luis Castro

La publicación que hizo el Ministerio de Minas y Energía de su decreto 328 de 2020, en el cual se fijan las bases para la ejecución de los proyectos piloto de fracking en Colombia, reavivó una discusión en la que el gobierno ha sido enfático en su intención de llevar a cabo estas iniciativas, sin importar si es necesario mentir y hasta amenazar la calidad de vida de los colombianos.

El Consejo de Estado en 2018 prohibió esta práctica amparándose en la ausencia de conocimiento científico sobre las probabilidades de daño ambiental. Por tal motivo el decreto 238 que emitió el MinMinas el pasado 28 de febrero se detiene en determinar los responsables de esclarecer las líneas base en términos ambientales, de salud, de sismicidad y sociales; obviando los argumentos presentados por la Alianza Colombia libre de Fracking y otros que, como yo, nos oponemos a esta práctica.

Como coadyuvante de la demanda que pretende la nulidad del decreto que permite el fracking en el país, me interesa en gran medida recordarle a los ciudadanos y a la opinión pública varias razones por las que la ejecución de unos pilotos, que seguramente son la antesala de una movida política, no es necesaria y esta técnica de extracción debe continuar prohibida.

Hoy por hoy existe una gran cantidad de pruebas sobre los graves impactos ambientales del fracking: la contaminación de acuíferos, la afectación a la calidad del aire, entre otros. La preocupación ante los efectos colaterales de esta práctica llevó a su prohibición en países como Francia, Escocia y en regiones, como el Estado de Nueva York.

En términos de salud el panorama no es mejor.  El proceso de fracturamiento hidráulico exige el uso de productos químicos con propiedades tóxicas suficientes para encender las alarmas. Estudios mostraron que más del 75% de los productos químicos pueden afectar a los sistemas respiratorio y gastrointestinales, así como ojos, piel y otros órganos sensoriales. 

Científicos de la Universidad de Missouri en Estados Unidos, liderados por la investigadora Susan Nagel, analizaron 12 de los más de 750 compuestos químicos que se emplean en el fracking y advierten de sus efectos como disruptores endocrinos. En contacto con el organismo humano, estas sustancias pueden generar alteraciones hormonales que afectan las funciones sexuales, reproductivas, causan infertilidad, anomalías genitales, e incluso diabetes y algunos tipos de cáncer.

Si bien la comisión de expertos con la que ha trabajado el gobierno sugiere los pilotos para conocer los efectos que tendría el fracking en el terreno, ya existen suficientes estudios y ejemplos internacionales que nos permiten reconocer que esta práctica trae más contraindicaciones que beneficios, ignorarlos para satisfacer intereses privados no solo es mezquino, también puede ocasionar daños irreversibles en las zonas de extracción y en quienes las habitan.

Por otra parte, contrario a lo que afirma el gobierno, la política extractivista fundamentada en el fracking conduce a un negocio inviable para el país. Hace meses el Gobierno dijo “En 2020 la tasa de cambio se apreciaría 1,3% como resultado de un mayor precio del petróleo”, hoy pasa exactamente lo contrario.

Luego de la caída del 30% del precio de petróleo esta semana, las acciones de Chevron y ExxonMobil, socias de Ecopetrol para el desarrollo del fracking cayeron 14%. Por su parte las acciones de Conocophillips interesada en los pilotos de fracking cayeron un 26%.

Los colombianos, una vez más pagarán de su bolsillo los platos rotos de las mentiras, el populismo y la improvisación del presidente Iván Duque y su partido, que nos tienen en una situación económica crítica. El fracking no será la salida, a todas luces es un pésimo negocio para el país y no hay peor ciego que el que no quiere ver.

PD: El agua es vida y la vida es un derecho fundamental, por ello también extiendo la invitación a que participen del cacerolazo en oposición a la explotación minera en el Páramo de Santurbán. Tanto el fracking como la minería malgastan, derrochan y ensucian el agua. El mundo sigue dando alertas sobre lo mucho que debemos cuidarla y como bien han proclamado los manifestantes “sin oro y sin petróleo se vive, pero sin agua se muere”.

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