Siempre en lo urgente… no en lo importante

Siempre en lo urgente… no en lo importante

Luego de una agitada semana para la opinión pública, en dónde se ‘pinponeó’ con la atención de los ciudadanos, es necesaria una reflexión sobre el rol del Congreso en las discusiones nacionales.

Por: Juan Luis Castro

En el Congreso, por su rol dentro del Estado de Derecho, se  deben escuchar todas las voces y las posiciones. Esa es la esencia de nuestra democracia participativa y deliberativa.

No obstante, dicho espacio democrático de deliberación, la mayoría de veces, está permeado por las influencias externas de los gremios económicos y de las industrias buscando posicionar y proteger sus intereses.

Así lo vemos con temas espinosos como el regreso de Uber, el encuentro de Minesa con empresarios de Santander, el aborto, la eutanasia, los derechos de la comunidad LGTBI, la calidad del aire o las medidas saludables; temas que, se abordan desde lo urgente para atender situaciones, generalmente, no reglamentadas, dejando en evidencia la mínima capacidad de anticipación del Congreso, y en los que muchos políticos están cómodos sin dar las discusiones y/o obedecen a intereses muy particulares. 

Si bien es apenas lógico que haya quienes representan los intereses políticos de los gremios económicos, es el funcionamiento subrepticio de su representación lo que nubla la gestión, entorpece los procesos y filtra la idea de que la institucionalidad no está preparada, y por ende improvisa sobre la marcha, para atender las necesidades reales de los colombianos.

Mi método de trabajar siempre obedece a tres cosas indispensables para asumir nuestro trabajo en el Congreso: (1) Si algo no es ético, no lo trabajamos; (2) Si algo no tiene sustento científico, no lo respaldamos y (3) Si algo no cuenta con evidencia lógica, no nos sirve.

Menciono esto por una razón: la debilidad histórica del Congreso ante los grandes gremios e industrias se ha dado, en mi opinión, porque se ha cedido y se han creado escenarios de debate en donde las decisiones a las que llegan las mayorías no son ni éticas, ni científicas, ni cuentan con evidencia lógica.

Es entendible entonces que algunos sectores de la opinión pública manifiesten su descontento por medio de generalizaciones que terminan opacando la intención de agilizar y depurar la agencia del legislativo. 

Aprovecho el ‘jalón de orejas’ que nos hace la opinión pública, para invitar a mis compañeros a trabajar en pro de la calidad de vida de los ciudadanos que depositaron en nosotros su voto de confianza para responder en sintonía con sus realidades y sus necesidades. Dejen de usar el cargo para ‘mojar prensa’ con barbaridades como prohibir los derechos de las personas o simplemente satisfacer compromisos empresariales. 

Con esto, lejos estoy de querer institucionalizar un código de conducta del Congreso, sin embargo, es una simple muestra de respeto tanto con los ciudadanos como con el Congreso, que sean claras las motivaciones detrás de ese tipo de conductas.

Yo siempre he creído que tenemos que dejar atrás la doble moral. Tenemos que reglamentar una ley de cabildeo que cree los mecanismos para que toda esa presión y representación corporativa esté sobre la mesa de forma clara y que esté a disposición de los ciudadanos saber quiénes representan qué.

Con un cabildeo transparente y con mecanismos de seguimiento ciudadano, el panorama podría cambiar, y la hipocresía de muchos y muchas congresistas en relación con las causas e intereses económicos que defienden, podría traducirse en cosas más útiles para el país.

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