Nos meten miedo

El temor es una herramienta exquisita para que la gente, contra toda lógica, cambie su percepción sobre los hechos. En la política, sobre todo, lo han usado con éxito desde que algunos actores crearon la ‘cultura del temor’, una respuesta emocional a la incertidumbre, la inestabilidad y la ansiedad frente a discursos, situaciones sociales y cómo las interpretamos.

Por Juan Luis Castro.


Este poderoso instrumento ha sido utilizado por ideologías fundamentalistas -como el nazismo o el marxismo-, religiosas y políticas cuyas posturas no pueden defenderse a la luz del pensamiento crítico.  

El líder nazi Hermann Goëring decía: “La gente no quiere la guerra, pero siempre puede ser llevada a estar de acuerdo con los líderes. Es fácil, todo lo que tienes que hacer es decirles que están siendo atacados y denunciar a los pacifistas por falta de patriotismo y por exponer al país al peligro”.

Funciona en todos los países

En este momento de crisis después del atentado a la escuela General Santander, los guerreristas, expertos en la manipulación, seguramente usarán el material sensacionalista disponible, argumentarán con el discurso de la mano dura, sacarán a flote los sentimientos de patriotismo desmedido y se aprovecharán de las víctimas para intimidar a la sociedad. Ellos ya saben que la cultura del temor polariza a las sociedades y que la mejor forma de doblegar a las personas con el ‘fin’ de lograr ‘más cohesión social’ es la posibilidad de la ‘seguridad’.

Así, van creando sociedades y grupos ideologizados en donde se empiezan a escuchar frases como: “nosotros y los demás”, “nosotros estamos haciendo las cosas bien y los demás no” o “nosotros somos el bien y ellos el mal”, todo para reafirmar la polarización.  

Como han explicado expertos, la discursiva del miedo carece de profundidad y no toca la verdadera razón de la violencia social: la falta de oportunidades. Aunque la presencia de cuerpos policivos podría dar la sensación de más seguridad, los ciudadanos no tendrían calma, tranquilidad ni calidad de vida. Es lamentable que todavía la gente caiga en la trampa de aceptar que se necesitan más policías, cuando el verdadero desarrollo recae en el cierre de las brechas sociales, el acceso a más y mejores oportunidades, así como la apuesta seria y decidida por el conocimiento (educación, ciencia y tecnología).

Un verdadero líder guía con sabiduría a su población, en las buenas y en las malas. No le infunde miedo. ¿Se imaginan si Luther King o Gandhi hubiesen dicho: ¡a correr que nos van a matar!? ¿O que Mandela, luego de salir de la cárcel, hubiese salido a conformar grupos al margen de la ley para vengarse?

Hagan la tarea en esta crisis y miren con detenimiento a quienes todo el tiempo hablan de seguridad. No conocen el territorio, no tienen profundidad en su discurso y usualmente responden con contrapreguntas o amenazas de que el fin del mundo está cerca, pero que ellos son el antídoto. Usan la tragedia para acuñar sus posturas ideológicas y satanizar a los que no piensan como ellos.  

En estos momentos nuestro foco es Colombia y los traidores, esos que infunden terror y que mantienen la polarización, deben ser dejados a un lado.

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