Salud mental y terrorismo: el caso de Colombia

Como médico y psiquiatra, y como colombiano que vivió episodios muy duros de violencia debido a la actividad política de mi mamá, quisiera que por un momento nos detuviéramos a reflexionar sobre todo lo que pasó en el país esta semana y de qué forma podemos enfrentar el horrible acto de violencia con carrobomba, que les quitó las vidas a 21 jóvenes en Bogotá, de una forma sana para nuestra salud mental.

Por Juan Luis Castro

Los efectos de los actos terroristas han sido ampliamente explorados por investigadores de la salud mental. Tener angustia o ansiedad después de un ataque es apenas una reacción normal al sufrimiento humano y a la destrucción, pero de acuerdo con la evidencia se necesita más que un acto terrorista para generar una enfermedad mental.

Varios estudios científicos han identificado la importancia del entorno y de la cohesión social, las creencias religiosas, el compromiso ideológico y el capital social como factores protectores en las comunidades que estaban altamente expuestas a ataques terroristas.

Sin embargo, la ideología y el compromiso religioso también tienen un lado más oscuro. Cuanto más volcadas están las personas a su grupo, menos abiertas están a otras ideologías o ideas religiosas. Así, la ideología extrema de cualquier tipo o la híper-religión pueden ser utilizadas como un poder curativo, pero también como un arma.

El caso particular de Colombia es singular. Primero, el país ha estado en un ciclo constante de guerras  de alta y baja intensidad con un enemigo que es interno, e incluso es difícil clasificarlo como enemigo, pues no responde a diferencias religiosas ni raciales, sino a políticas y delincuenciales.

Segundo, el pueblo colombiano es de los únicos en el mundo que ha estado expuesto, por un lapso considerable, a conflictos, y es muy probable que haya desarrollado mecanismos propios, sociales y comunitarios, para superar las crisis provocadas por los ataques terroristas y los actos de violencia.  

Una investigación sobre el uso de los servicios de salud en Jerusalén durante un período en el que se intensificó el terrorismo, entre 2000 y 2004, encontró que los residentes de la ciudad no estaban a favor de la consulta de servicios psiquiátricos gratuitos y altamente accesibles, sino que recurrieron a los médicos generales y la línea telefónica nacional para soporte. Sería interesante que el Gobierno Nacional, a través del Ministerio de Salud y de la Protección Social, propusiera la creación de una línea telefónica de ayuda para este tipo de casos y solicitar a las EPS del país prestar este servicio.

Es hora de que dejemos de lado el tabú de hablar de salud mental, y más cuando en Colombia continúan pasando este tipo de tragedias que solo hacen que el miedo crezca. Son varias las recomendaciones:

¿Qué hacer después de presenciar un ataque violento?

  1. Dese un tiempo: los síntomas usualmente se resuelven con el pasar de los días.
  2. Entérese exactamente de lo que pasó: el conocimiento de lo sucedido ayuda a superar el trauma.
  3. Comuníquese con otros sobrevivientes o personas que hayan vivido el mismo episodio
  4. Hable de lo sucedido con personas cercanas
  5. Continúe con la rutina: coma a las horas usuales, así no sienta apetito, y trate de hacer ejercicio liviano a la misma hora diariamente.
  6. Tenga cuidado extra: las personas expuestas a trauma son más vulnerables a sufrir accidentes.

¿Qué no hacer después de presenciar un ataque violento?

  1. Tomar decisiones trascendentales acerca de su vida
  2. Retornar de inmediato a su rutina de trabajo: debe dar un tiempo a su cuerpo y mente para que se recuperen.
  3. Consumir alcohol o drogas: aunque pueden quitar las memorias y los sentimientos temporalmente, no solucionan el problema de fondo y pueden causar trastornos depresivos o ansiedad.
  4. Embotellar sus sentimientos: llorar o sentir rabia es normal después de estos eventos, pero no dejarlos salir puede demorar más el proceso para retornar a la normalidad emocional.

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