Colombia en vilo

A pesar de que el país apenas se despierta de las fiestas decembrinas y los colombianos regresan a sus rutinas, las noticias no se han detenido: continúan asesinando, de forma sistemática, a líderes sociales en toda Colombia; la semana pasada miles de colombianos se manifestaron para pedir la renuncia del Fiscal, y a lo largo y ancho del país, en los rincones más olvidados, se siente el miedo.

Por Juan Luis Castro

La institucionalidad en Colombia está de capa caída. Diversas instituciones y estamentos como la Procuraduría General de la Nación y la Defensoría del Pueblo han pedido medidas urgentes para detener la matanza de líderes y lideresas que, en la mayoría de casos, han rechazado en sus regiones los cultivos ilícitos y la minería ilegal, y han defendido procesos de restitución de tierras.

El pasado viernes, mientras miles de colombianos se preparaban para manifestarse en contra del Fiscal, el cuestionado Néstor Humberto Martínez por fin reconoció que existe “sistematicidad” en los asesinatos a líderes sociales en Colombia, pero en el aire continúa la sensación de que estas muertes no le interesan a nadie. La falta de la presencia del Gobierno en esa Colombia olvidada y a merced de la criminalidad es solo uno de los síntomas de la crisis que existe en Colombia.

El Fiscal, por su parte, representa gran parte de la institucionalidad del país: la justicia es el eje rector de la democracia moderna y cuando está cuestionada esta queda en vilo. Así es como empiezan las dictaduras porque no nos digamos mentiras, a Venezuela también se puede llegar por la derecha.

Si a esto le sumamos el miedo que se siente en zonas que llevan dos décadas tratando de recuperarse de un oscuro pasado, como El Salado, cuya masacre en 2000 es uno de los episodios más tenebrosos de la historia del país, y en donde en los últimos días se han levantado diversas voces -incluyendo las de periodistas amenazados- que claman por más presencia institucional, el panorama es preocupante.

La economía, por su parte, no pasa por el mejor momento. Además, las reformas improvisadas (política y a la justicia), el dramático cambio de la canasta familiar, una Ley de Financiamiento mediocre, la crisis migratoria con Venezuela, la corrupción rampante y la inexperiencia de Iván Duque en un panorama de desaceleración económica global, generan un nivel de zozobra que el país no vivía hace por lo menos dos décadas.

Es necesario que el Presidente se apersone de los asuntos más urgentes que tiene por resolver el país. Es imperativo que gobierne con seriedad, madurez, y a tono con los retos más urgentes que tenemos. Es obligatorio que defienda y cuide a esos que luchan, desde las regiones, por proteger los recursos y a su territorio del crimen. Ya es hora de que se ponga, en serio, a gobernar.

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