Por el rescate de la legalidad

Hace un par de meses unos delincuentes entraron a la fuerza a la casa donde viven mi papá y mi hermano en Medellín. Mi papá no estaba, pero mi hermano sí, y fue víctima de agresiones físicas y robo. De no ser por la oportuna reacción de la Policía el desenlace hubiera sido peor: estuvo hospitalizado todo el fin de semana e incluso le practicaron cirugías en su cara.

Por Juan Luis Castro

Medellín cuenta con uno de los índices de criminalidad más altos del país. A falta de dos semanas para que se acabe 2018 ya la ciudad alcanzó la cifra de asesinatos del año anterior. Otras cifras de balance que se presentaron hace unas semanas mostraban cómo, durante los primeros siete meses de 2018, se reportaron 18 mil hurtos (11.541 a personas, 3.042 a vehículos, 2.327 a establecimientos comerciales y 1.044 a residencias), pese a que la ciudad cuenta hoy con casi 1.500 cámaras de seguridad (serán 2.400 el próximo año, según la Alcaldía).

Las cifras no son alentadoras y evidencian cómo, a pesar de los incontables esfuerzos del Alcalde por perseguir a los criminales, algo está fallando.

Creo en la importancia de fortalecer a la Policía y a los entes judiciales para que combatan el crimen de forma eficaz, y estoy de acuerdo con el aumento de penas para los delincuentes reincidentes, pero acá no hemos entendido que la represión nunca va a ser suficiente si continuamos negando la importancia de que todos tengan oportunidades.

¿Sabían que un niño que crece con desnutrición tiene muchas más probabilidades de entrar en la delincuencia cuando sea grande que uno que crece bien alimentado? ¿Sabían que, estadísticamente, los países que más invierten en educación, deporte y recreación en sus menores, tienen mejores condiciones de seguridad?

¿Qué estamos haciendo para de verdad cambiar a este país desde lo más profundo? ¿Seguimos perpetuando y naturalizando, en cambio, la cultura de la ilegalidad, el discurso del odio y la justicia por mano propia, que solo redundan en más violencia? ¿Continuamos justificando la represión y el populismo punitivo porque sí, sin tener en cuenta que no hay futuro sin educación? ¿O entendemos, de una vez, que la seguridad de todos, hoy y mañana, empieza por ofrecerles oportunidades a todas las generaciones?

Podemos pensar en mil actividades para intentar cambiar las condiciones de la seguridad y otras mil maneras de intentar que en Colombia todos pensemos legal, pero impactar a toda la sociedad es una utopía. Puedo, en cambio, poner un grano de arena y el mío va a ser hablar del tema en cada espacio en el que tenga la oportunidad de hacerlo.

En Colombia necesitamos cambiar el chip. Estamos todavía a tiempo.

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